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A cuatro manos y a cuatro patas

Este artículo lo escribimos dos personas: Zuriñe de Anzola y Marcela Vega, con la colaboración de Ivy, una perra guía.

La perspectiva de Marcela:

Llevo más de 14 años trabajando en accesibilidad y todos los días sigo aprendiendo, esta vez ha sido gracias a Zuriñe de Anzola, periodista y consultora de accesibilidad. Hemos dado varios paseos por Pamplona, desde la estación de autobuses al Ayuntamiento, buscando la ruta más accesible. Fue muy grato comprobar que en todos los semáforos funcionó el mando de alerta sonora que usa Zuriñe.

Por otro lado, un aspecto que tenía muy claro, pero que con la visita de esta técnica reafirmé, es que la accesibilidad no es una regla de 3. Lo que le puede servir a un usuario o usuario no es igual de bueno para otras personas, por eso es tan importante tener en cuenta la diversidad de situaciones y necesidades.

En este caso en concreto hicimos un itinerario pensando en cómo sería la mejor alternativa para una persona usuaria de bastón blanco, comprobamos que para ir con Ivy, nuestra perra guía era mejor otra ruta. Y no solo por las necesidades de Ivy, sino por la forma en que Zuriñe organiza su esquema mental para orientarse.

También vimos varias calles que carecían de señalización tacto visual, eso ocurre porque pensamos que el pavimento de botones solo debe ir en los vados peatonales, pero se nos cuelan los puntos donde los itinerarios peatonales y vehiculares se cruzan.

Asimismo sufrimos una vieja conocida…la plataforma única, que hecha de manera adecuada permite la coexistencia de peatones y vehículos, pero cuando no está clara puede ser un peligro.

Otro descubrimiento fue la Plaza del Castillo a las 10:00h, yo la tenía por accesible debido a que no hay desniveles reseñables (sí, con algunos puntos de pavimento mejorables), mas en general le daría una valoración positiva. Oh sorpresa, a las 10 de la mañana hay un montón de furgonetas que nos hicieron perder la referencia del paramento y además las obras en los pórticos nos sacaron del itinerario.

Luego pasamos por el Pasaje de la Jacoba y Zuriñe me preguntó ¿es seguro?, claro yo veo que es seguro, veo que pasa gente y que hay luz al final del pasillo…en cambio Zuriñe no lo ve, se lo tiene que imaginar, así que me puse en su lugar, además porque justamente estamos trabajando urbanismo de género y el factor de la seguridad es importantísimo.

Finalmente nos separamos en una oficina de atención al público y le dije…en el control de la entrada tienes que presentar el DNI, lo que ocurrió después mejor que os lo cuente ella…

La perspectiva de Zuriñe:

Una tarea a priori imposible como es ir a pie desde la Estación de Autobuses al Ayuntamiento por primera vez, siendo una persona ciega,  me resultó realmente sencilla. La clave, ir acompañada de una experta en accesibilidad que sabe cómo guiarme y orientarme, pero sobre todo, que lo hace con empatía y naturalidad.

Probamos varias rutas hasta dar con la que  visualicé  mejor en mi mente, y aprendimos los nombres de las calles, digo aprendimos, porque a Marcela le van otras referencias para orientarse, por lo que no se sabe de memoria los nombres de las calles, algo que para mí es esencial.

Me sorprendí de los avances en accesibilidad que se han conseguido en Pamplona: semáforos acústicos, señales tacto visuales para marcar los pasos de peatones, pavimentos uniformes y muchas aceras a cota cero. Sin embargo, siempre hay aspectos a mejorar, de los cuales destacaría la problemática de las plataformas únicas, que no tienen señal tacto visual entre la acera y la calzada ni cambio de textura, incluso para Ivy, mi perra guía, es todo un reto transitar por ellas.

También me llamó la atención que existen muchas placas de información en sistema braille, pero, la pregunta del millón, cómo una persona ciega llega a leer dichas placas si no   ve dónde están colocadas. Esto es un ejemplo de que en ocasiones la accesibilidad se reduce a una acción concreta, en lugar de contemplarla como una filosofía a implementar en el diseño y en la gestión.

El momento cumbre de la jornada lo viví en una oficina de atención al público. El personal de seguridad me preguntó varias veces con quién quería hablar y si era cierto que tenía una cita concertada, esperé un tiempo prudencial, mientras los guardas hablaban por lo bajo y gesticulaban entre sí, y les ofrecí mi DNI para que me dieran de una vez el pase que me permitiría entrar al edificio. La tensión disminuyó y uno de ellos me indicó el camino al ascensor y marcó el número de la planta a la que me dirigía, menos mal, pues el ascensor carece de botonera con números en relieve y braille. En la planta cuarta, se produjo un revuelo al ver aparecer a una ciudadana con un perro guía, murmullos, gestos y hasta alguna carrera. Finalmente, logré llegar a la reunión, la persona, como parece que era lo propio en ese lugar, también se sorprendió de que yo, Zuriñe, la persona con la que había intercambiado varios correos y hablado por teléfono, fuera ciega; afortunadamente, el desasosiego sólo le duró unos segundos.

Una vez más, queda demostrado que muchas barreras pueden reducirse e incluso eliminarse, gracias a la capacidad de las personas de saber interactuar con personas con discapacidad, la accesibilidad social. Marcela me enseñó la localización de varios sitios emblemáticos de Pamplona y a desplazarme por itinerarios ‘complicados’ de forma eficiente y sin tensión de ningún tipo; mientras que, una tarea tan simple como ingresar a un edificio público a una reunión concertada, fue toda una ‘aventura’.

La perspectiva de Ivy:

Como os podéis imaginar Ivy no escribe, pero sus patas hoy nos dijeron mucho a las dos. Os podemos contar por ejemplo que Ivy cuando Zuriñe iba agarrada de mi brazo se relajaba, era como si pensara…bueno, no tengo que estar tan alerta, total, mi dueña está segura. También fue curioso ver cómo iba más tranquila en los itinerarios conocidos, podéis pensar “pues lógico”… ¿y si os decimos que solo había pasado por esas calles una vez?, entonces tal vez valoréis más las capacidades de Ivy.

Eso sí, la pobre en todo el recorrido no encontró ni una zona de esparcimiento canino…ya, ya, en el casco histórico de la ciudad es difícil, pero no necesita tanto sitio, con un pequeño recinto con sombra, fuente y papelera vale…porque claro, su dueña recoge la caca, pero vete y busca la papelera.

Ivy también tuvo que sufrir a un perro mascota no entrenado que se portó francamente mal, se puso a ladrar sin control dentro de una cafetería donde estábamos las tres tranquilas y al final se puso un poco nerviosa, pero Ivy está muy bien entrenada y supo manejar la situación.

A Ivy le gusta que la miren con ternura, pero tiene que llevar un cartel que avisa que está trabajando, para que nadie la toque ni la distraiga y ponga en peligro a su dueña.

Y lo que no soportamos ninguna de las tres, es que nos miren con lástima y nos traten de manera diferente, todas podemos tener la vida que nos propongamos siempre y cuando no nos pongan barreras y eso como lo llama Zuriñe es la accesibilidad social.

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